Querida Nicaragua: Hace 17 años, en 1998, apareció un artículo en el diario LA PRENSA firmado por un profesional, un técnico llamado Frank Briceño Marenco.
El artículo era como un grito de alerta ante el Gobierno y ante todo el pueblo nicaragüense sobre lo que estaba ocurriendo con la ecología en la región de Rivas, que por otro lado, no se diferencia en nada de lo que ocurre en todos los departamentos de Nicaragua.
Tan solo para citar algunos datos de orden técnico que los profanos no entendemos mucho, pero que dan una idea del desastre, decía el artículo que 1,000 de los 2,600 kilómetros cuadrados que tiene Rivas estaban totalmente deforestados lo cual había hecho que de los treinta y dos ríos con acuíferos propios que existían en 1972, catorce se hubieran secado completamente y otros cuatro se encontraran en período de extinción. Esto era en el año 98. Imaginemos la situación hoy en día, 17 años después. ¿Cómo estarán ahora?
Decía el artículo que en 1974 Rivas tenía 170 y un kilómetros lineales de árboles de mango y que en el año 98 solo le quedaban 79 kilómetros de la apetecida fruta. En los últimos veinte años había caído la mitad de las lluvias y las aguas subterráneas se habían profundizado casi tres metros. Repito. Esto era en 1998.
En realidad como dice el artículo nadie parece alarmarse ante estos datos, pero lo que ocurre en Rivas está ocurriendo en todo nuestro país. En algunos departamentos más que en otros pero en general esa es la situación.
El río Viejo, por ejemplo, en Sébaco, que antes era un río hermoso y rugiente es hoy una quebrada. El río Estelí es hoy una quebradita insignificante. El Río Coco llegando a Ocotal, el Río Dipilto, el Mozonte, el Quisulí, todos parecen quebraditas y de ellos solo queda una hondonada y los recuerdos de cuando fueron ríos.
¿A qué se debe toda esta desolación? Al inclemente trato que hemos dado a la tierra y a los árboles.
Los informes mundiales señalaron que en los primeros años del nuevo siglo (ya estamos en el año 15) tendrá la humanidad dificultad en el suministro de agua. Hay enormes proyectos para conservar los bosques pero el hombre sigue talando inmisericordemente los árboles sin respetar las normas elementales de la convivencia humana, sin pensar en que nuestros hijos, nietos y biznietos encontrarán un mundo destruido en el cual el agua será tan cara como la gasolina, (ya es más cara), y habrá sitios en los cuales no se podrá respirar pues el aire estará contaminado de tanto humo y polución.
La ignorancia y la voracidad de nuestras gentes ha ido talando y talando los bosques hasta dejarlos convertidos en tierra arrasada. La falta de árboles ahuyenta las lluvias y al no caer estas se van secando los ríos, lagos y lagunas que durante siglos han sido fuente de vida para la humanidad.
De todas formas se ataca inmisericordemente a la naturaleza. Los comerciantes en maderas van acabando con los bosques pues no todos reforestan, no todos entienden que hay que guardar un equilibrio entre la explotación y el mantenimiento del bosque.
Por otra parte el pueblo pobre y humilde cocina con leña sin pensar que está acabando con los recursos naturales. Centenares de carretadas de leña bajan de las montañas. Se requiere atención permanente de las instituciones encargadas de la conservación de los recursos naturales. Pero con gobiernos como el actual, enemigo del medio ambiente, capaz de acabar con el lago Cocibolca, no esperemos protección alguna del bosque.
En Radio Corporación desde hace 25 años hemos pregonado diariamente la defensa del ambiente.
Y desde hace treita años no nos hemos cansado de repetir varias veces al día que sembrar un árbol y otro y otro, es querer a Nicaragua.
El autor es gerente de Radio Corporación. Excandidato a la Presidencia de la República en 2011.
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